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jueves, 3 de marzo de 2011

Identificación (parte 3)

La persona...


El elemento más complejo de las identificaciones potentes (referirse a parte 2), sin embargo la mínima que se debe tener.

En otras palabras, si te preguntan, "con qué te identificas", como mínimo, si tienes algún respeto por tí mismo, deberías decir "conmigo mismo". Ya que de esa manera, declaras que eres consciente de que existes.

No hace falta un espejo para decir eso, sin embargo sí hace falta tener el valor de decir "aquí estoy", "yo soy...".


Seas como seas, eres.

Por supuesto, podría terminar la entrada ahí, para reflexionar, pero voy a ahondar en un problema común...

¿Qué sucede cuando una persona no se identifica consigo misma?... Pues lo inevitable para seguir existiendo, se identifica con otra persona, o en casos muy extremos con un animal, planta o cosa.

Con otra persona, no sólo me refiero al papá, la mamá, el hermano o el mejor amigo... Me refiero a alguien real o ficticio con quien haya tenido contacto. Puede ser, a parte de los mencionados antes, un personaje de alguna película, serie real o animada, algún político, algún super héroe o super villano, un general, una reina de belleza, etc...


En ese momento decidimos entrar en el mundo de esta otra persona que, por causa de nuestra falta de identificación personal, se convierte en parte de nosotros. Y en consecuencia nuestras decisiones y acciones son tomadas en base a lo que la otra persona haría en una situación similar a la nuestra.

Y así nuestra identificación más importante desaparece, y nos olvidamos de quiénes somos realmente, de nuestros sueños y de nuestras metas. Y más bien pasamos a vivir la vida de aquella otra persona o personaje (que no es nuestro verdadero yo), nos proponemos sus metas y tenemos sus sueños.

De alguna manera, acomodamos TODA nuestra vida a SER el otro o la otra. ¿Por qué? Porque hemos decidido IDENTIFICARNOS con él/ella/eso.


¿Cuál puede ser la causa? Una vida aburrida, quizá... Un problema que parece imposible de resolver, y por eso tiramos la toalla, o simplemente porque sentimos que nuestra vida es tan miserable como es, que necesitamos SER otra persona, evadiendo así nuestra responsabilidad... "Claro, ahora que estoy identificado con otra persona, cualquier error que cometa o cualquier daño que haga, ya no es mi culpa, sino de la persona o personaje con quien me identifico"... "Pero, ¿por qué me culpas a mí?, Él/Ella hubiera hecho lo mismo!"

Y aquí nace un problema que ya no es un tema personal, sino comunitario, la pérdida de responsabilidad. Pero eso lo explicaré, una vez más, en otra parte, al ser un tema muy extenso, pero APASIONANTE!


1 comentario:

Pía Matta dijo...

La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.